Vacunación antialergica

Las enfermedades alérgicas son multifactoriales, es decir, son causadas y/o agravadas por diferentes factores. Por lo tanto no existe un solo tratamiento que por sí mismo las resuelva. Así, debe tomarse en cuenta lo siguiente:
Educación: fundamental para que el paciente y sus padres conozcan todo lo referente a la enfermedad y colaboren con el tratamiento.
Control ambiental: significa evitar al máximo posible el contacto con aquello que en forma específica o inespecífica pueda desencadenar los síntomas en el paciente.
Medicamentos: se utilizan para controlar los síntomas en el momento agudo disminuyendo la inflamación y ayudando también como preventivos para evitar una nueva recaída.
Inmunoterapia específica: es el nombre con el que se conoce al tratamiento con vacunas antialérgicas. Se utilizan en algunos pacientes alérgicos con la finalidad de inducir tolerancia hacia las sustancias responsables de desencadenar una respuesta alérgica en el paciente y así disminuir sus síntomas cuando se expone
nuevamente a ellas.
Ahora bien, la inmunoterapia específica (vacunas antialérgicas) es el tratamiento más eficaz y más antiguo de que disponemos para las enfermedades alérgicas. Éste se ha usado desde hace más de 100 años y se ha ido perfeccionando su eficacia y el conocimiento sobre los mecanismos de acción, las indicaciones médicas precisas y los
lineamientos para lograr el máximo beneficio para el paciente.

Las vacunas antialérgicas se preparan con las mismas sustancias a las que el paciente es alérgico y que pueden ser, por ejemplo, granos de polen de diferentes plantas, esporas de hongos o partículas de ácaros del polvo; a estas sustancias se les conoce como alérgenos. La inmunoterapia específica consiste en la administración progresiva de
los alérgenos causantes de las reacciones alérgicas en cada paciente. La administración de pequeñas cantidades, progresivamente mayores, de estos alérgenos hace que después de cierto tiempo se produzcan anticuerpos o diferentes mecanismos de defensa que disminuyen, también progresivamente, la duración y frecuencia de los síntomas alérgicos. Dicho de otra manera: la inmunoterapia aumenta paulatinamente la tolerancia del paciente a las mismas sustancias que desencadenan sus síntomas de alergia.

La inmunoterapia específica se administra en la forma tradicional de inmunoterapia subcutánea: inicialmente se inyectan dosis muy bajas de la vacuna con una frecuencia de 1 a 2 veces por semana; la dosis de la vacuna se va aumentando gradualmente hasta que se llega a la dosis máxima (llamada dosis de mantenimiento) que ya sólo se inyecta 1 o 2 veces por mes. Es un tratamiento prolongado, suele tener una duración aproximada de 3 a 5 años y su éxito depende en gran parte de la constancia en su aplicación.

Los efectos benéficos de las vacunas generalmente no se observan inmediatamente, como ocurre cuando se administran algunos medicamentos. Con la inmunoterapia, conforme se va incrementando la dosis
se consigue un retorno gradual a una función más saludable del sistema inmunológico y con ello la disminución paulatina en la frecuencia, intensidad y duración de los síntomas alérgicos y en la severidad de la enfermedad alérgica. Esto, a su vez, trae como consecuencia una disminución en el consumo de medicamentos, en el costo
de la enfermedad, de los días escolares o laborales perdidos y una mejoría global en la calidad de vida del paciente. Lo más importante es que estos efectos benéficos no desaparecen pronto sino que, a diferencia del tratamiento con medicamentos, pueden persistir por años e incluso toda la vida.
Los criterios para decidir si un paciente es candidato al tratamiento con inmunoterapia específica son:
• Diagnóstico de asma alérgica, rinitis alérgica, dermatitis atópica o alergia a himenópteros realizado por un especialista certificado en alergia e inmunología clínica. Tanto el asma como la rinitis y la dermatitis son enfermedades muy frecuentes pero no todos los

Requisitos para iniciar la inmunoterapia.

Tratamiento con vacunas antialérgicas (inmunoterapia). pacientes con estas patologías son alérgicos y en consecuencia las vacunas antialérgicas no le sirven a todos sino únicamente a
aquellos en los que se demuestre que sí son alérgicos.
• La inmunoterapia es específica, es decir, no hay una vacuna que sirva para todas las formas de alergia. Las vacunas están dirigidas únicamente contra los alérgenos responsables de los síntomas en cada paciente y por lo tanto es un tratamiento individualizado que sólo es posible hacerlo teniendo el diagnóstico exacto de cuáles son los alérgenos responsables de la enfermedad en cada paciente. Por lo tanto es indispensable hacer estudios para identificar con precisión qué sustancias están causando la alergia en el paciente antes de iniciar este tratamiento. Esto se logra
mediante un estudio en la piel denominado pruebas cutáneas que se realiza habitualmente en la espalda o antebrazos del paciente y en el que, mediante el uso de diversos dispositivos, se ponen en contacto con la piel los alérgenos a investigar, para desencadenar una pequeña reacción local de alergia (roncha) sólo en los que sea alérgico el paciente. También es posible hacer el estudio en un laboratorio utilizando muestras de sangre para buscar anticuerpo específicos hacia estos alérgenos, pero se ha visto que el estudio en la piel es el que ofrece mejores resultados.

El alergólogo, el especialista en alergia e inmunología clínica, es el único médico capacitado para indicar, realizar e interpretar adecuadamente los estudios que nos dan el diagnóstico específico de la alergia y es quien ayudará a decidir cuál es el mejor método para el diagnóstico del paciente.
• Edad: los consensos más recientes de expertos nos dicen que no hay límite de edad para indicar la inmunoterapia, ya que se puede administrar en niños pequeños, ancianos e inclusive durante el embarazo se puede continuar el tratamiento si se había iniciado la inmunoterapia desde antes de estar embarazada la paciente.
Por lo general la inmunoterapia específica se administra vía inyección subcutánea, que ha sido la vía clásica para administrarla. Sin embargo, recientemente se han publicado diversos estudios que demuestran que también puede ser eficaz administrándola por vía sublingual, que es una alternativa para aplicar la inmunoterapia sin inyecciones: la dosis del alérgeno se coloca debajo de la lengua en donde debe de mantenerse durante 1 minuto y después se deglute. Se están investigando otras formas de administración como la vía oral, la vía epicutánea y la vía intralinfática, pero aún no se han completado todas las fases de investigación requeridas para autorizar su uso.

Cabe destacar que se ha visto que la eficacia de la inmunoterapia es mayor cuando se inyecta en forma subcutánea que cuando se da por la vía sublingual. La inmunoterapia sublingual se tiene que administrar con más frecuencia (diario) ya que se necesitan dosis mucho más altas que con la inyectada para que sea eficaz (lo cual aumenta también el costo). Sin embargo, también se ha descubierto que la vía sublingual es más segura que la subcutánea, es decir, la frecuencia de reacciones adversas tanto las leves o locales como las graves o generalizadas es
menor con la vía sublingual. En cuanto a la comodidad de la vía de administración, cada paciente en conjunto con el especialista en alergia podrá decidir si le parece más cómodo el tratamiento sublingual diario o la inyección subcutánea 1 a 2 veces al mes.