Sospecha de autoinmunidad

Las enfermedades autoinmunes son padecimientos que afectan aproximadamente a 2% de la población a nivel mundial. Éstas se definen como aquellas enfermedades en las que existe una respuesta de nuestras defensas en contra de nuestro propio organismo (antígenos propios), lo que origina un daño a nivel de los tejidos; es decir, hay una pérdida del principio fundamental del sistema inmunológico, descrito desde 1957 por Sir Frank Macfarlane Burnet, el cual dice que el sistema inmunológico tiene la capacidad de reconocer lo propio de lo no propio.

El origen de éstas es variado y se han descrito dos formas de presentación, la primera es cuando hay antecedentes heredofamiliares del padecimiento y la segunda es una combinación de varios factores, como lo son situaciones fortuitas ambientales, infecciones, factores físicos, químicos, emocionales, etcétera. Su clasificación depende del
número de órganos que esten afectados, es decir, padecimientos órgano específicos o sistémicos (ver la siguiente tabla).

Para la realización del diagnóstico es fundamental la experiencia del médico tratante, ya que las manifestaciones clínicas se pueden confundir con muchas de las enfermedades comunes de la edad pediátrica, como lo es el dolor articular recurrente, el cansancio con la exposición solar, fiebre persistente, úlceras en la cavidad oral, dolor abdominal recurrente, entre otros. Pero también hay una gran variedad de exámenes complementarios tanto de laboratorio como de imagen que nos permiten llegar a un diagnóstico preciso, como por ejemplo la presencia de anticuerpos en contra de uno mismo, es decir autoanicuerpos (los ANCA, los ANA, los anti-ADN, etcétera), consumo de los factores del complemento, entre muchos otros. En cuanto a estudios de imagen se pueden utilizar herramientas como la tomografía, la resonancia magnética de los vasos sanguíneos, etcétera.
El tratamiento de esta patología se enfoca en disminuir o apagar la respuesta inmune hacia nosotros mismos. Para ello se han utlizado diversos medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos, esteroides y multiples fármacos que controlan la respuesta inmune (inmunosupresores) que de manera general tienen como objetivo evitar el daño orgánico y por consiguiente que los niños lleven a cabo una vida lo más cercano a la normalidad y en otros casos aumentar su expectativa de vida. Sobre todo en los útimos años esto ha sido posible gracias al desarrollo de nuevos agentes que regulan la respuesta inmunológica (inmunomoduladores) como la gammaglobulina humana intravenosa o los anticuerpos monoclonales (por ejemplo, rituximab). Estos han permitido frenar la respuesta inmune en nuestra contra de forma más específica sin causar un apagón total del sistema inmunológico (inmunosupresión) que en otras épocas ocasionaba un aumento en la frecuencia de infecciones agregadas y con ello la mortalidad resultante.

En resumen, este tipo de padecimientos tan complejos ponen en peligro la vida de nuestros niños o pueden ocasionar daño orgánico irreversible, por lo que que es de suma importancia su diagnóstico temprano y sobre todo el manejo entre varias especialidades pediátricas.